LIBRO VIEJO
Bogotá
D.C. 20/10/12
Jeison Contreras Hoyos
Aquel libro que
descansa sus hojas agotadas
Y dobladas
Ni el viento,
Ni el agua podrá borrar
lo amarillo de sus páginas.
Viejo sin brillo...
El libro es sabio aunque sus recuerdos sean borrosos.
Aquellas letras desgarradas por el tiempo
Son parte ahora del libro olvidado,
Aunque felizmente éste descansa esperando
A que un fuerte poniente haya levantado su gruesa pasta.
Ojalá sus páginas resecas
Puedan refrescarse con el roció de todas las mañanas.
Así es como alguien puede rescatarlo
De su soledad
y sus páginas amarillas quiten
Ese camuflaje de aquella maldita pasta,
De color verde pasto.
Este personaje muy triste
Y sin esperanzas,
Simplemente quiere
Que levanten su vago cuerpo,
Para así solamente relajar su espalda de la humedad
Y secarla del agua que
lleva allí
Hace un gran tiempo,
Aunque el pasto lo mira con pena ajena,
Él sabe que todavía es fértil
Y no está muerto.
Porque un libro no es como cualquiera.
Ellos moldean el conocimiento
Y cosechan las ideas,
Aunque
a éstas las crean muertas
Algún día como cualquiera
Cuando apenas se asoma el sol,
Cuando se aproxima esa aura que transpira interés,
Como aquella zozobra no habrá,
Pues el libro no fue recogido,
Porque apenas la sombra
de esa persona lo tomó,
Éste se despedazó,
Pues el poco aliento que ella tenía,
Llegó
hasta que al fin lo agotó.
Es por ello que el gran libro
y sus muchas letras
Quedaron en parte
De la memoria de los pocos locos
Que se atrevieron a valorar sus páginas.
Lo bueno de éste y muchos libros
Es que se pueden resucitar,
No con electricidad,
Pero sí con la amabilidad de arreglarlo
Y la esperanza de leer
Lo
que muchos no pueden ver.
Atrévete a salvar los libros viejos
Que de viejos sólo su estructura,
Pero aquellas letras
Jamás se borraran
De aquellas pocas personas
Que valoran su literatura.
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